domingo 16 de octubre de 2011

CUANTO MÁS ATACAN A LOS TRABAJADORES, MÁS PROFUNDA ES LA CRISIS



Podría parecernos sorprentente que en pleno franquismo y en plena crisis económica, y fruto de la fuerza y de la organización de la clase obrera hacia finales de los 70, los trabajadores conquistaran derechos fundamentales como el de huelga, defensa de la igualdad y la estabilidad en el puesto de trabajo.
La Ley de Relaciones Laborales (LRL) de Abril de 1976 concebía los contratos temporales como excepciones al principio de la estabilidad en el empleo. Ponía límites al despido libre pagado, obligando a los empresarios a la readmisión del operario despedido.
Desde entonces, se han venido firmando acuerdos y reformas laborales entre sindicatos, empresarios y gobiernos para hacer más fácil el despido, rebajar salarios, y hacer los contratos más temporales. Todo ello para salir de las crisis y acabar con el paro. El efecto ha sido el contrario.
Todas estas reformas han hecho más graves las crisis porque favorecen el despido y por tanto aumentan el paro, porque el empresario prefiere producir el doble con la mitad de trabajadores. Es la competitividad propia del capitalismo, que nos hace competir a unos trabajadores con otros para cobrar menos y trabajar más.
Pero al empobrecernos, al mandarnos a la calle o al cobrar menos, están creando las causas de las crisis, porque cada vez tenemos menor capacidad para comprar todos los productos y servicios que se producen, cada vez más, gracias a la tecnología y la maquinaria nueva.
Estamos en el momento histórico de darle la vuelta a la situación, empezando a organizarnos como clase que somos, pues nos afectan las mismas leyes y tenemos el mismo enemigo que, al contrario que nosotros los trabajadores, sí actúa unido y con el apoyo de cúpulas sindicales y parlamentos. Sin embargo, nosotros tenemos la fuerza porque sin nosotros no funciona nada.
No basta con que se unan los trabajadores de una empresa, han de unirse los trabajadores de distintas empresas y distintos sectores, públicos o privados, ya que la fuerza está en controlar la producción del país, y a partir de ahí imponer nuestras condiciones. En eso tienen especial responsabilidad los delegados y comités de empresa elegidos por los trabajadores: por encima de sindicatos, empresas y sectores deben estar organizados e ir todos a una.
Ya es hora de pasar a la ofensiva, mientras no reaccionamos ellos siguen quitándonos la riqueza que generamos.

Comisión Permanente de la Asamblea de Comités, Delegados y Trabajadores de Sevilla (ACDT)