viernes 29 de julio de 2011

FLEX: otra deslocalización, más miseria para el pueblo




No hay día que pase sin que cientos de trabajadores, y con ellos sus familias, se despierten con un papel en sus manos que certifique su despido. Un despido que, teniendo en cuenta lo castigadas que están las economías domésticas, las de los trabajadores, las que siempre están en crisis, suele significar en muchos casos verse en la calle al no poder pagar la hipoteca, o tener que visitar a menudo los comedores públicos para poder comer caliente.

Hace unos días, le tocó a los 70 trabajadores de la planta de Flex de Alcalá de Guadaira que, tras recibir la amenaza de la empresa de cerrar la planta para llevarse la producción a Portugal, iniciaron una huelga de un mes para reivindicar su derecho a mantener los puestos de trabajo y mostrar el rechazo a la decisión unilateral tomada por la empresa. Finalmente, la amenaza sirvió para que los trabajadores aceptaran como mal menor un ERE y recolocaciones en otros puntos de España.

Desde la Asamblea de Comités, Delegados y Trabajadores de Sevilla (ACDT) queremos mostrar nuestro más absoluto rechazo contra el desmantelamiento de otra fábrica sevillana, y sobre todo, queremos dejar patente todo nuestro apoyo y solidaridad con los trabajadores de la planta de Flex de Alcalá de Guadaira.

Desgraciadamente, esta hemorragia continua que sufren los derechos de los trabajadores no parará mientras no tengamos claro quiénes son los que nos apuñalan, por qué lo hacen, y cómo defendernos de las continuas agresiones que venimos sufriendo.

Las agresiones llegan desde todos los frentes:

  • Desde la patronal, que día tras día nos castigan con salarios cada vez más pequeños, jornadas laborales cada vez más largas y condiciones laborales cada vez más precarias, que nos impiden disfrutar de nuestra vida personal y ver crecer a nuestros hijos

  • Desde la banca, que aprovechan nuestras necesidades más básicas para hacer negocios con ella, cobrando intereses abusivos por préstamos hipotecarios que pagamos para tener una vivienda mínimamente digna, y que cuando no podemos pagarlos, nos quitan la vivienda pero seguimos manteniendo la deuda

  • Desde los títeres del capital que tenemos por gobernantes, que han vaciado las arcas del Estado salvando a la banca y la patronal, los mismos que se enriquecen con nuestro trabajo. Los parlamentos español y europeo promulgan a diario leyes dañinas para los trabajadores, en este caso, la deslocalización de las empresas, que los jueces aplican a pies juntillas

  • Desde las cúpulas sindicales, que acuerdan con la patronal y el gobierno, a cambio de subvenciones millonarias, una reforma laboral que abarata el despido y una reforma de las pensiones para que muramos de viejos en las fábricas. Unas cúpulas que recurren a los delegados y comités cuando hay que movilizar a los trabajadores, pero que al día siguiente se olvidan de ellos y pactan con el mismísimo diablo.

  • Desde los medios de comunicación, voceros del poder, que nos señalan a los trabajadores como culpables de una crisis que solo nosotros sufrimos y que nosotros no hemos provocado

Es fácil ver que es este sistema canalla, el capitalismo, quien está detrás de todas estas agresiones nada casuales que lo único que persiguen es tenernos a los trabajadores siempre con el agua al cuello, esclavizados y divididos, perdidos en batallas internas, para que no veamos cómo nos roban a diario el fruto de nuestro trabajo.

Los trabajadores debemos ser conscientes que somos los que generamos toda la riqueza, que somos la única pieza imprescindible del engranaje, pues sin nuestro trabajo no funcionaría nada. Sin embargo, somos los más castigados, porque nos falta algo que tienen quienes se lucran con nuestro trabajo: Unión y Organización.

Para acabar con esta sangría, no podemos recurrir a súplicas a las mismas administraciones públicas que defienden los intereses de la patronal. Debemos ser nosotros quienes decidan qué futuro queremos para nosotros y nuestros hijos. Debemos perseguir la unión desde la base, independientemente de gremios, sectores o siglas sindicales, organizándonos a través de nuestros representantes unitarios, los comités de empresa y delegados de personal que se deben a sus compañeros y no a lo que dicten uno u otro sindicato.

Un comité o un delegado no puede decirles a sus compañeros que no hay otro remedio que aceptar el desempleo, que aceptar que se lleven las fábricas a otros lugares, eso es darle la razón al empresario en sus argumentos, que son siempre mentiras y patrañas.


Desde la ACDT, volvemos a tender la mano al comité de empresa de Flex, y por extensión a todos sus trabajadores, para ofrecer todo nuestro apoyo y solidaridad, como ya lo hicimos en otra ocasión, exponiendo los mismos argumentos y la misma necesidad de unirnos y organizarnos, y viendo que los hechos, por desgracia, nos dan la razón.


¡¡¡ NOSOTROS PRODUCIMOS, NOSOTROS DECIDIMOS !!!

¡¡¡ POR UNA CLASE TRABAJADORA UNIDA !!!